¿Y tú qué comes? (Parte I)

 

Ya comienzo a elaborar dietas y a relacionar gran parte de los problemas de salud con una mala alimentación. Creo que sobre alimentación saludable ya son muchas las personas y organismos que damos la “murga” sobre ello. Así que yo no voy a repetirme tampoco. Hace tiempo que muchas personas de mi entorno me preguntan curiosas, y tú, ¿Cómo lo haces? Desde hace ya más de 2 años poquito a poco y sin forzar nada, he ido cambiando hábitos. Y no, no he sufrido en absoluto. He ganado fuerza, he ganado salud, he ganado años y he ganado vida. Así que voy a mostraros cual es mi compra semanal, donde compro los productos (sin que se convierta en una odisea, todos trabajamos muchos y tenemos pocas horas para invertir en ello), algunos truquillos para los perezosos en la cocina que cuando tienen hambre lo quieren todo hecho… y todo lo que vaya recordando de mis hábitos diarios.

 

En primer lugar, esto no es ningún régimen (su palabra ya lo indica: imposición y sufrimiento). De hecho creo poco en ellos. El hecho de que se les establezca un tiempo determinado para que luego termine y vuelvas a tu vida “normal” no tiene ningún sentido. Al cuerpo no se le puede engañar, lo habitamos, así que si lo educamos comenzara a cuidarnos de tal manera que os sentiréis más vivos que nunca.

 

 

 

LIMPIEZA EN LA COCINA

 

El día que empecé con los cambios hice limpieza en la cocina: fuera los aceites que no fueran de oliva, fuera todo lo que venga en paquetes de bolsa tipo patatas fritas y sus amigas, nada de salsas ni condimentos preparados, nada de patés de cerdo o finas hierbas… Quité los embutidos, el pan blanco, los picos, la mantequilla y margarina, las cajas de galletas, la bollería industrial, las pipas saladas (o sin salar), la nata montada, los siropes, las harinas de cualquier tipo… seguro que quité más cosas pero han caído en el olvido.

 

En definitiva me quedé sin nada, y yo no sé ustedes, pero yo soy un animal comiendo: Mi hambre solía ser voraz, se presentaba cuando menos lo esperaba, engullía gran cantidad de lo que fuera en pocos segundos, suspiraba aliviada y me tiraba inmóvil donde podía con dolor de tripa a esperar que mi pobre aparato digestivo se encargara de todo, esperando no sentirme cansada además. Claro…

 

También vendí la freidora y el microondas, y me compré una licuadora (una batidora de jarra) y una olla de vapor.

 

Del frigorífico gasté la carne (cerdo, pollo, ternera), pescado no tenía apenas, y decidí comer carne de calidad como el cerdo ibérico (el de verdad) cuando comía en la calle, o un buen chuletón de retinto cuando visitaba Cádiz.

 

No voy a hablar de lo perjudicial de los productos, hay mucha información sobre eso, y cuando se empieza a hablar de tóxicos a la gente se le empieza a poner cara de susto y necesitan cambiar de tema para no pensar qué no traerá su bocata… seamos prudentes y respetuosos. Nuestras madres siempre pensaron que nos daban lo mejor y aquí estamos,

“vivitos y coleando”. Pero los tiempos han cambiado muchísimo, y en calidad alimentaria aún más, y tu madre ya no te da de comer (digo yo…) y es ahora tu responsabilidad de hacerlo de la mejor forma posible.

 

 

 

LAS PRIMERAS SUSTITUCIONES

 

Tuve que hacer sustituciones, porque tampoco era sano eliminar alimentos así de repente después de más de 20 años comiendo lo mismo. En definitiva sólo iba a quedarme con alimentos frescos como la verdura y la fruta, bebidas vegetales, cereales como el arroz integral (en principio), legumbres de todo tipo (menos la soja, no sólo porque prefiero que sean de aquí, en forma de legumbre no es tan sana como creemos), dulces como la fruta desecada tipo dátil, higos, orejones; pan integral (pero el de verdad, que es más oscuro y pesado, no el de supermercado), frutos secos crudos sin tostar ni salar, huevos (camperos, o ecológicos siempre), y miel.

 

Y añadí productos nuevos y desconocidos pero muy sanos y nutritivos: las semillas, los germinados, las algas, variedad de legumbres…

 

Así que tuve que cambiar la lista de la compra, y a día de hoy es así como me alimento:

 

¿Para desayunar?

 

Tostadas de pan de centeno/trigo ecológico con/sin semillas añadidas, aguacate o aceite de oliva 1ªpresión en frio y un diente de ajo refregado. Si tengo tiempo y hambre, más en el fin de semana, me pongo en el pan una tortilla francesa (con zanahoria o cebolla o la verdura que quieras), o le pongo huevo duro y un poco de pimienta. Si necesitas mantequilla date el lujo de tomarla ecológica, pero solo una vez en semana.

 

Yo alterno en la semana las tostadas con los cereales. Hiervo en un poco de agua muesli (sin azúcar añadido, el de herbolarios) con cereales, que ya viene preparado todo junto, añado cuando se infle trozos de dátil o pasas, espolvoreo canela y vierto un poco de leche de almendras. En invierno además sienta fantástico. Puedes añadir unos frutos secos al final, y tendrás más nutrientes añadidos.

 

De beber tomo infusiones, de todo tipo. Nunca escojo la de bolsita, aunque si lo haces cómprala ecológica, el sabor aumenta y su función se cumple. Una mixtura que uso mucho es la depurativa con: alcachofera, boldo, bardana, zarzaparrilla y diente de león. Su sabor es amargo aunque puedes endulzarla con miel o sirope de Ágave. El Ágave es un cactus del que sale esta savia dulce, muy parecida a la miel, pero con un índice glucémico mucho más bajo. Ej. azúcar 100, miel 80, sirope de Ágave 15. Pero aun así también contiene calorías y como todo lo dulce nunca hay que abusar.

 

Con lo de endulzar me propuse tomar las cosas tal cual se sirven como el café y el té. Primero sustituí el azúcar blanco por el moreno, después miel, más tarde me pase al ágave y ya no endulzo nada. Tenemos acostumbrado al paladar a cosas muy azucaradas o saladas, y es que los productos del súper o las tapas del bar contienen mucho de estos 2 condimentos, pues nos hacen grandes adictos, y consumidores además de comida basura. Eliminar el azúcar de mi vida y la comida de la calle (yo comía mucho fuera), fue la primera mejoría que noté en mí. Dice mi maestra que debemos recuperar todos los sabores que tenemos en la lengua, aparte de los 2 mencionados y de los que más hemos abusado, el amargo y el agrio-ácido.

 

También me encanta tomar té verde, el sencha ecológico es el que me propongo a buscar porque me consta que es el más saludable: es un gran preventivo del cáncer entre otras propiedades. Por ahora tomo el té verde de jazmín , que está delicioso, y me activa por las mañanas y por la tarde. Cuando me apetece darme el capricho de un cafelito me lo hago en casa y me lo tomo allí o me lo llevo a clase. Lo compro ecológico también y lo tomo con leche de avena, esta impresionantemente rico, y no, no se parece al café con leche de vaca. Para mí esta mejor aún, y sienta mejor también. Con la avena además de tomar cereales, tomamos componentes “antiestrés”, así que va genial para irte a dormir una taza calentita de bebida de avena. Es el mejor sustito de la leche de vaca, y es que ésta última es actualmente de los productos más tóxicos del mercado, no quieras saber que traen en la leche las pobres vacas…

 

Si necesitas leche de vaca (yo no la recomiendo, es la leche materna del ternero y no la nuestra, y por estar diseñada para él tiene malas consecuencias para nosotros), cómprala ecológica. La gallega eco proviene de vacas sueltas y felices, que comen pasto y no piensos, y no están tan polimedicadas como las hacinadas en naves. Pero piénsate reducir su consumo si eres muy consumidor. La leche de arroz es fantástica también, y fácil de encontrar en el súper, aunque yo recomiendo los herbolarios. Es muy digestiva y no tiene calorías. En algunas cafeterías ya la ponen, y sino empezad a demandarla que al final la traen (en la mía lo han hecho😉 )

 

¿Para picar a mediodía?

 

Elijo la fruta casi siempre, junto con un puñado de frutos secos. Estos a diario van fantástico, pues me mantiene más concentrada y menos cansada. Y al contrario de la dichosa frase: -pero eso engorda!- diré que no es así, que incluso quema grasas y está demostrado. Lo que engorda es comerte una bolsa entera, o si son tostados y/o salados. Crudos, con piel, y un puñado que quepa en una mano tiene innumerables beneficios, entre los más famosos es que reduce el riesgo de accidente cardiovascular. Pero investigad, que tienen muchísimos más. Yo los como a diario,  en los cereales del desayuno, con la ensalada, o en un zumo (ahora es cuento como).

 

El zumo de frutas, licuado, o el famoso “smoothie” es otra novedad en mi alimentación. Me lo hago siempre que me apetece y suele ser en los fines de semana, cuando me preparo un suculento desayuno bien entrada la mañana casi al mediodía. Lo llamo el “almuerzayuno”. Hecho esa frutilla que se va a poner mala, o la que más pereza me da comer, con hojas verdes de lo que tenga: de remolacha, espinacas… Vierto un vaso de zumo de naranja exprimido o uno de agua sino tengo, porque sin líquido no se bate, y añado los frutos secos y otras semillas. ¿Qué semillas? para esto es necesario otro párrafo:

 

Como ya he menciono anteriormente el herbolario se ha convertido en mi tienda de suministros. Hace pocos para era una variedad de semillería, con multitud de productos desconocidos donde olía genial a campo con sus semillas y plantas medicinales a granel y casi siempre con poca gente esperando. A día de hoy que los observo tanto, me sorprende y alegra ver como se forman colas en estos establecimientos, como la gente de la ciudad además curiosa, pregunta y se informa más y mejor sobre complementos y productos naturales. Esta tendencia no solo es moda, se está produciendo un gran cambio en cuestión de salud y nos estamos haciendo un poco más responsables de nuestros propios cuerpos, al comprobar también que el sistema convencional no nos está dando el resultado que esperábamos. Otro día hablamos de esto, o mejor  hablaremos de dar soluciones en lugar de seguir señalando a nadie.

 

Volviendo al herbolario, en todos los barrios hay uno, más o menos actualizado, pero lo suele haber. El mío precisamente no me pilla cerca, pero ha integrado lo que para mí faltaba, y me lo ha puesto fácil para no dar mil vueltas comprando (hago el 80% de las compras allí) : vende alimentación ecológica: desde frutas y verduras frescas todas las semanas, a cereales, legumbres, semillas, harinas, y cada vez más cosas. La verdad que pocos herbolarios conozco con esta visión sobre alimentación, y yo ya soy clienta fija. El sabor de la fruta y la verdura ecológica no tiene comparación al que estábamos ya acostumbrado del supermercado o incluso de la plaza. Es el sabor original, el que no necesita salsas, ni grandes platos porque te llenan y te sacian.

 

Tengo que decir, que por mis horarios y mi agenda esta es la opción que a mi mejor me va, pero cada vez hay más opciones. Por ejemplo al principio, desesperada por probar productos frescos ecológicos encontré pequeñas empresas por internet con certificado ecológico que preparaban cestas semanales con productos de temporada y diferentes tamaños, encargabas una y la ibas a recoger al establecimiento que más te convenía. Así estuve 1 año y recuerdo el olor maravilloso que desprendía la cesta en la moto, para mí era nuevo; o cuando descubrí una remolacha fresca por primera vez y no sabía si se comían sus hojas enormes y verdes o esa raíz que no reconocía, o encontrar un poco de tierra o una oruguita que me garantizaba que venían de madurar del mismo campo y no de una nevera industrial, recién recolectado. Comenzó mi pasión y consiguiente inversión por todo lo ecológico.

 

La ventaja que añade es que sus productos son siempre de temporada, es decir, los que se encuentran preparados, perfectos y listos para comer cuando su ciclo de crecimiento y maduración natural han finalizado. Esos buscaba yo. Me imprimí un cartel con un cuadro de internet que me lo indicaba porque en el caso del supermercado o de la mayoría de fruterías sabía que tenía los mismos productos todo el año, y es recomendable para elegir así los productos de temporada, pero me resultó tedioso.

 

La agricultura ecológica funciona respetando los tiempos de los vegetales. En la cesta unos meses tenía alcachofa, otros coliflores, otros frutos rojos… etc. pero siempre productos de temporada, y no podía elegir cuales, simplemente debía consumir toda la cesta en esa semana y esperar cual era la sorpresa que me deparaba la siguiente. Este tipo de agricultura (la de los principios, la inicial) era y es la más saludable, por consumir productos con auténtica “medicina” natural en su interior y con sus principios activos (lo que nos ayuda a no enfermar) intactos.

 

Y fue así como encontré las cestas ecológicas por internet y los herbolarios.

 

Una vez comentado esto ya puedo terminar con las semillas. Pero lo haré en el próximo post que no tardaré en escribir, y donde voy a “mojarme” y contar donde compro todos los productos, además de hablar del resto de comidas del día: almuerzo y cena, de cómo me siento a comer: el ritual, y de alguna receta “facilona” que nos valga para el día a día.

 

Os mando un beso que duela, y una frase para recordar: SOMOS NATURALEZA.

 

 

 

 

Anuncios

“Biolingüe”, aprendiendo la lengua del cuerpo

945044_462549050497540_68410705_nCuando crees que vas captando el concepto de salud, llega otra materia y vuelve a desmontarte todas tus creencias, me encanta. Cada rama me ofrece su perspectiva y en conjunto con todas llego a una conclusión sobre el estado de salud de una persona. Lo que me resulta más curioso es que tengan relación la una con la otra.

El otro día en clase de bioenergética, una introducción a la Medicina Tradicional China, la profesora nos contó que su doctrina sostenía que “el hombre que se encontraba en su Tao no enfermaba”. Tao podría traducirse como destino, camino, origen… un todo incapaz de ser descrito en un palabra y anulado si se pronuncia. Parece complicado pero explicado por esta sabia educadora mi cuerpo se llenó con mi propio Tao: mi corazón palpitó tan fuerte que lo oí, mi cara se cortó con una enorme sonrisa y me contuve para expirar toda la brisa que me trajo el significado.

Estudio todos los nutrientes de los alimentos, como deben combinarse, los principios activos de todas las plantas medicinales, los minerales desde la oligoterapia y las sales de Shüssler… pero con la energía siempre he sido escéptica y muy devota a la vez. Me crispaba que se usara tan alegremente sin tener conocimiento, ya sea para defenderla como para atacarla. El profesor de higienismo me decía de ella :”la energía vital de cada órgano del cuerpo se puede medir”, -perfecto, ya puedes demostrar que existe-. Pero y la acupuntura? según esta terapéutica somos una red de canales de energía, cada uno con su nombre, que conecta todo el cuerpo y explica sus dolencias y emociones. Es increíble no? Pues la OMS también la reconoce aunque no sepa demostrar mediante evidencias científicas qué es exactamente lo que cura.

Me consideraba bastante ortodoxa en ciencias, siempre he necesitado ver, tocar, medir, para demostrar que existía. Pero me voy desmontando. Como mi mayor ratón de laboratorio al fin y al cabo soy yo misma, comprobé hace un año que podían hacer en mí las agujas; (esto no me lo contó nadie, lo sentí yo) el médico me contó que tenía un quiste ovárico empeñado en crecer con cada regla, y le asigné un dolor fortísimo que pensé que no podría aguantar y que solo él me lo generaba; y yo negada a su tratamiento con fármacos probé con la acupuntura. Me di unas 7 sesiones y bastaron. Las primeras punturaciones dolieron mucho al entrar (hay quien dice que no deben doler, y los chinos dicen que sí). El dolor iba desapareciendo y me quedaba dormida. Las ultimas sesiones ni notaba como entraba. Los dolores de mi querido miomita desaparecieron, junto con un gran cambio de vida laboral y nutricional, y una manada de lobas que me ayudaron a entender mi regla: me puse en contacto con mi cuerpo hablando su lenguaje, dejando de imponer el mío. El problema realmente era otro, no era un bulto, era un bloqueo enorme; trabajaba en un sitio que no me gustaba, aguantaba porque mi alrededor lo consideraba un buen puesto de trabajo bien remunerado, llevaba años atrapada sin mirar hacia dentro de mí y dejar salir sin miedo mi autentica vertiente. Y mi cuerpo estalló creando una alerta para llamar mi atención. Ahora lo comprendo (o mas bien, sé que lo sentí) la salida de energía que en los canales de mi cuerpo y en ciertas zonas acumulaba sin dejarla fluir, de ahí el dolor al pincharme, un recorrido de calor muy fuerte que acababa relajándome hasta dormir profundamente. Parece brujería… quizás lo es, brujería de la buena (otro día hablamos de lo mucho que descubrieron las brujas en terreno de salud, y dejamos por una vez de verlas con tan malos ojos).

Ahora sí, ahora me siento en mi Tao. Y me llena con tanta fuerza y bienestar que olvidé que era el dolor, y si llega lo recibo entendiendo que es el sistema de defensa que utiliza mi cuerpo, sin tratar de bloquearlo, taparlo o eliminarlo, con paciencia, y sin miedo. Es realmente gratificante sentirme en sintonía con mi cuerpo, porque sólo yo tengo el poder real de entenderlo. Y como en cabezonería no me gana nadie, no pararé de investigar y experimentar (con conciencia) todas las posibles respuestas que nuestra Mamá Tierra nos brinda para mantenernos más vivos que nunca. Y es que para algo me trajo aquí y no le debo menos…

Crisis evolutiva, defensa de la identidad

En ella, en mi verdadero hábitat, me calmo; mi cabeza se estabiliza, los sentidos vuelven a cumplir sus funciones: el olor de la tierra que me da de comer, la espesura del bosque que me cobija, el sabor de una almendra madura que me regala su árbol, la observación de pequeños vecinos que habitan en los árboles, en el suelo…  mi biorritmo se sincroniza al de la naturaleza que me rodea, me recreo con las vistas… Me emociono. SOY IMPRESIONANTEMENTE FELIZ.

Sin embargo tengo que volver a la ciudad, a su caos, a la mentira de vivir en paz en mitad del tráfico, a la queja constante de mis semejantes, a su problemas y enfermedades, a dejar de ver animales y plantas para conformarme con ver parques a lo lejos, a la domesticación femenina interpretando el papel de “señorita decente”, a dejar de ser yo misma para no asustar al resto, para seguir comportándome según lo establecido, sin interrumpir el orden que nos hemos impuesto… para , en definitiva, no parecer “la rara”, “la loca”, “la ridícula”, la que quiere llamar la atención… Y es entonces cuando me observo y el biorritmo desaparece, los sentidos se bloquean: ya no me paro a observar -no tengo tiempo-, pongo prisa en todo lo que debo hacer -llego tarde-, -tengo que ir-, -tengo que estudiar-, -tengo que llamar-, -tengo que de dejar de decir “tengo que”. Y comienzan mis propias quejas hacia los demás: qué poca consideración, no hay humanidad, cuánto egoísmo… Y no es de extrañar, lo llevamos aprendiendo desde que “evolucionamos” en ese sentido, desde que nos alejamos tanto de la naturaleza que ya resulta extraño compartir el silencio, el contacto físico entre nosotros o una conversación con un desconocido. Ser divertido se confunde con locura, ser abierto con flirteo, ser amable es una sorpresa; y qué decir si hago ruido saboreando al comer: mala educación, o hablo de lo hermoso de ser mujer honrando tu menstruación: fuera de lugar, o se me marcan los pezones porque no llevo sujetador: vergüenza ajena, descaro, provocación y hasta insulto. No entiendo nada, esto es el verdadero mundo al revés? o soy yo la que tiene problemas para encajar? Yo misma soy para muchos la ecologista de turno, la pesada de los bichos, la hierbas; o esa tipa excéntrica que no le avergüenza arrascarse a veces como un perro, o a vestir con trapos, o a opinar libremente sobre los deseos carnales de muchas mujeres… Pero tampoco soy esa, porque tampoco me siento yo misma completamente; realmente con muy pocas personas puedo compartir ese privilegio. Con este blog ahora me voy  permitir compartirlo aunque sea conmigo misma, y si además otros lo leen, se identifican o simplemente se ríen con él, entonces qué suerte tengo: bienvenido a la tribu.

Se trata ahora de mi propio análisis, llegando a la conclusión de que se me hace dificilísimo mantenerme cuerda y sana entre personas que no parecen de la misma especie, en un suelo que ya no cubre la tierra roja , en un ambiente que huele a todo menos a medio ambiente. Y es que por mucho que decore mi casa con ramitas y flores pensando que esa es mi autentica madriguera, sigue siendo la jaula más grande del zoológico…

Pero entonces llega mi suricato y me enseña el hoyo que está cavando en el suelo para escaparnos juntos a casa, mis sabias mujeres me alientan a seguir así y mis ancestros me señalan desde bien cerca cual es el camino que tengo que tomar. De nuevo, vuelvo a SER PROFUNDAMENTE FELIZ.

1379408_531083816977396_1032159867_n